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lunes, 13 de febrero de 2012


"La risa tiene poderes meditativos y poderes medicinales."

Ciertamente, cambia tu química, cambia tus ondas cerebrales, cambia tu inteligencia; te vuelves más inteligente. Las partes de tu mente que habían estado durmiendo, de repente se despiertan. La risa llega hasta lo más profundo de tu cerebro, de tu corazón. Un hombre de risa no puede sufrir un ataque al corazón. No es posible que un hombre de risa se suicide. Un hombre de risa llega automá¬ticamente a conocer el mundo del silencio, porque cuando la risa cesa, súbitamente hay silencio. Y cada vez que la risa se hace más profunda es seguida de un silencio más profundo.

Ciertamente te aclara --de las tradiciones, de la basura del pasado--. Te da una nueva visión de la vida. Te vuelve más vivo y radiante, más creativo.


Ahora, hasta la ciencia médica dice que la risa es una de las medicinas más penetrantes con que la naturaleza ha provisto al hombre. Si puedes reír cuando estás enfermo recuperarás antes la salud. Aun cuando estés sano, si no puedes reír, antes o después perderás tu salud y te pondrás enfermo. La risa saca una porción de tus energías desde tu fuente interior hasta la superficie. La energía comienza a fluir, sigue a la risa como una sombra. ¿Lo has observado?: cuando te ríes de verdad, durante esos pocos momentos estás en un profundo estado meditativo. El pensamiento se detiene. Es imposible reír y pensar a la vez. Son cosas diametralmente opuestas: o puedes reír o puedes pensar... 


jueves, 14 de julio de 2011

Vi un árbol morir.


 Doce años tenía. Cuatro cuando llagué a la casa. Miraba por la ventana y él estaba siempre ahí, parado, como si supiera la paz que emanaba, lo agradable que era a la vista, a la mente, y cuánto tocaba el alma. La semilla creció para ser la casa de muchos y fue paisaje para otros tantos. Pero como todo en esta vida, le tocó. Le tocó ser reemplazado por mucho menos. Ladrillo sobre ladrillo, fruto de mucho ruido y pocas pizcas de paz. Sigo mirando, se ve que no lo eliminé en los archivos de mi mente. Claro que no. Ahora reposa en la vereda, sus restos en realidad. Y yo sigo mirándolo, como si se fuera a rebobinar la cinta, como si fuera a volver. 
Vi un árbol morir, y fue un momento crítico en mi vida. No lo pasé nada bien. No lo disfruté, no lo gocé. De tantas cosas inhumanas que hacemos, la resalto de la lista. Yo planté un árbol. Y no fue buena idea que maten otro.













                                          No sólo un árbol es talado.